En un mundo marcado por cambios rápidos y desafíos persistentes, los mercados emergentes se han convertido en el motor fundamental que impulsa el crecimiento global en 2026. Este artículo explora cómo estas economías logran tasas superiores al 4% y qué significa este fenómeno para inversores, empresas y comunidades alrededor del mundo.
Según el Fondo Monetario Internacional, el crecimiento global se situará entre 3,1% y 3,3% en 2026, con divergencias notables entre economías avanzadas y emergentes. Mientras países como Estados Unidos y la Eurozona rondan tasas del 1,1% al 2,4%, los emergentes superan el 4% con creces.
Asia juega un rol central: India lidera con más de 6% de expansión, y China mantiene un ritmo de 4% a 5% gracias a estímulos en tecnología e inteligencia artificial. África subsahariana y Oriente Medio consolidan alrededor del 4% y 3,9%, respectivamente, impulsados por reformas y mayor inversión extranjera.
Detrás de estas cifras hay varios factores que explican por qué los emergentes sobresalen:
En numerosos países, las políticas fiscales expansivas y un dólar más débil han generado oportunidades únicas de diversificación financiera. El dinamismo de las exportaciones tecnológicas y la recuperación post-aranceles han sido determinantes.
Las condiciones actuales brindan un escenario atractivo tanto en renta fija como variable. La deuda emergente ofrece carry cercano al 8% en moneda local, y los bonos presentan curvas empinadas que mejoran la relación riesgo-rendimiento.
Además, la combinación de inflación moderada y perspectivas fiscales positivas en varios países refuerza la confianza de los capitales internacionales. La diversificación hacia estas regiones funciona como un potente hedge frente a mercados desarrollados.
A pesar de las ventajas, no todo es color de rosa. Los desequilibrios en China, con un sector inmobiliario débil y consumo rezagado, son una fuente de incertidumbre. En América Latina, la persistente inflación eleva los costos de financiamiento.
La fragmentación comercial y la escalada de tensiones geopolíticas pueden frenar flujos de inversión. Además, el riesgo fiscal en economías avanzadas podría reducir su rol como motor global.
Mirando hacia adelante, la clave estará en cómo las naciones emergentes gestionan la innovación y mantienen la estabilidad macroeconómica. La inteligencia artificial aportará 0,3 puntos al PIB global, con un impacto aún mayor en Asia.
Adoptar un enfoque integral y de largo plazo permitirá capitalizar el potencial transformador de la tecnología y asegurar beneficios sostenibles para la población.
En conclusión, los mercados emergentes representan la gran oportunidad del 2026. Su capacidad para crecer por encima de las economías avanzadas, apoyada en políticas flexibles y un entorno global cambiante, les confiere un rol protagónico en la próxima fase de la recuperación mundial.
Los inversores y responsables de políticas públicas tienen ahora el desafío de equilibrar ambición y prudencia. Solo así se garantizará que el crecimiento sea inclusivo, resiliente y duradero, creando un impacto positivo que trascienda fronteras.
Referencias