El cambio climático plantea retos inéditos al mundo de las finanzas, exigiendo estrategias sólidas y comprometidas para proteger el futuro económico.
El calentamiento global y sus consecuencias ya no son una amenaza distante, sino una realidad ineludible para los mercados y los sistemas financieros. Las instituciones deben incorporar esta nueva perspectiva en su gestión de riesgos y gobernanza.
Entender los riesgos climáticos implica reconocer dos categorías principales: riesgo físico y riesgo de transición. Ambos pueden alterar la solvencia de prestatarios, modificar el valor de activos y desdibujar escenarios de rentabilidad.
Cada categoría de riesgo climático afecta al sector financiero a través de mecanismos distintos y complementarios:
Estos dos vectores del riesgo climático inciden en:
La descarbonización de carteras en la zona euro ha avanzado con cifras muy relevantes. Entre 2018 y 2023, las emisiones financiadas se redujeron un 45% en préstamos bancarios, y la intensidad de carbono bajó un 43%. Aun así, se incrementó un 17% la financiación en instrumentos regulados, manteniendo estable la cobertura de riesgo.
En el cuarto trimestre de 2024, la exposición de la banca española a sectores vulnerables muestra:
Estos datos revelan que, aunque España ha logrado reducir su impacto, persiste una vulnerabilidad significativa en infraestructuras críticas y empresas intensivas en carbono.
Además, el Banco Central Europeo estima pérdidas de hasta 70.000 millones de euros para la banca ante eventos climáticos extremos, y alerta de que el coste del riesgo físico superará pronto al de la transición si no se actúa con determinación.
El entorno normativo se ha endurecido internacionalmente. El BCE y el Eurosistema exigen pruebas de resistencia climáticas para balances de entidades de crédito y economía real. Las expectativas incluyen:
En España, la AMCESFI publicó en 2023 su primer informe bienal, evaluando tanto riesgos físicos como de transición. Igualmente, la EBA y el NGFS actualizan indicadores y metodologías al 2025 para armonizar la medición de riesgos y facilitar la financiación sostenible.
Estas iniciativas buscan asegurar la resiliencia del sistema financiero ante retos climáticos y fomentar el flujo de capital hacia proyectos verdes.
Las instituciones pueden avanzar más allá del cumplimiento normativo aplicando recomendaciones tangibles:
Adoptar estos enfoques no solo reduce riesgos, sino que genera nuevas oportunidades, como el desarrollo de productos financieros sostenibles y la atracción de clientes comprometidos con la transición ecológica.
De cara a 2030 y más allá, las entidades deberán:
La inacción implica costos superiores a los beneficios de una transición ordenada. Por ello, es crucial que cada institución asuma un compromiso genuino con la sostenibilidad y la resiliencia financiera.
La evaluación de los riesgos climáticos para entidades financieras ya no es una opción, sino una condición imprescindible para garantizar el crecimiento y la estabilidad en un mundo en transformación. Adoptar estrategias informadas, proactivas y colaborativas fortalecerá la confianza de inversores, clientes y reguladores, allanando el camino hacia un futuro más seguro y próspero para todos.
Referencias