La historia de la banca se ha forjado a través de la revolución de los canales de atención, desde los primeros cajeros automáticos hasta las completas plataformas digitales. En cada etapa, la tecnología ha redefinido cómo interactuamos con nuestro dinero y cómo planificamos el futuro.
Conocer este recorrido no solo alimenta la curiosidad histórica, sino que nos brinda herramientas prácticas para anticipar tendencias y adoptar soluciones financieras con mayor confianza. Acompáñanos en este viaje desde 1967 hasta nuestros días.
El nacimiento de los cajeros automáticos marcó un antes y después en la accesibilidad a servicios bancarios. El 27 de junio de 1967, Barclays Bank instaló el primer cajero automático del mundo en su sucursal de Enfield, Londres. Con un cheque impregnado en material radiactivo, el dispositivo dispensaba una cantidad fija de efectivo sin intervención humana, sorprendiendo a los clientes de la época.
Este avance demostró que la automatización podía complementar las cajas tradicionales, liberando a los clientes de las filas y otorgando libertad de horario.
Solo dos años después del estreno en Londres, España se unió a la innovación. El 9 de enero de 1969, Banesto inauguró el primer cajero del país en Madrid, bautizado Bancomat, capaz de dispensar hasta 1.000 pesetas por operación.
A lo largo de los años setenta, entidades como Caja de Madrid y Banco de Bilbao (hoy BBVA) replicaron la iniciativa. Aunque algunas fuentes apuntan a una instalación en Toledo en 1974, lo cierto es que la red española se expandió rápidamente, consolidando una nueva forma de acceso al efectivo.
Durante la década de los ochenta, el sistema 4B emergió como uno de los más populares, conectando diferentes bancos y ofreciendo a los clientes acceso multifirma a sus cuentas. Esta interoperabilidad sentó las bases de lo que hoy consideramos redes globales de cajeros.
En los noventa, la función de estos dispositivos superó la simple retirada de dinero:
El Banco Santander fue pionero al introducir cajeros automáticos de autoservicio ubicados fuera de sucursales, facilitando un acceso 24/7 en espacios urbanos.
La seguridad y la usabilidad han convivido en una carrera constante dentro de los cajeros. Tras las bandas magnéticas apareció el chip, reduciendo fraudes y potenciando operaciones criptográficas.
En paralelo, el hardware evolucionó: NCR lideró la incorporación de pantallas de cristal líquido (LCD) y más tarde de color. Hace dos décadas llegaron los paneles táctiles, anticipando la experiencia de la banca móvil.
El nuevo milenio aceleró la transformación digital del sector financiero. La implantación de tarjetas EMV con chip se consolidó y surgió la banca electrónica, primero en ordenadores y luego en smartphones.
Hoy, retirar efectivo sin insertar tarjeta es posible gracias a códigos generados en aplicaciones móviles. Paralelamente, los cajeros full han ampliado sus prestaciones:
Este salto tecnológico refleja una fusión entre físico y digital, donde cada punto de contacto brinda valor añadido y comodidad.
Estos datos ilustran el crecimiento exponencial de una tecnología que, lejos de estancarse, ha servido como base para nuevos modelos de negocio en fintech.
Tras el pico de 2008, factores como la consolidación bancaria, el coste de mantenimiento y la preferencia por medios de pago digitales han ralentizado la instalación de nuevos cajeros. Sin embargo, en zonas rurales y comunidades con menor conectividad, siguen siendo puntos de acceso vitales.
En el corto plazo, la clave estará en la diversificación de servicios: desde reservas médicas hasta trámites administrativos, los cajeros pueden transformarse en quioscos multifuncionales que integren servicios públicos y privados.
La digitalización continua de la banca se apoya en la inteligencia artificial, blockchain y sistemas de pago sin contacto, mostrando una clara tendencia hacia canales cada vez más intuitivos y seguros.
Comprender la evolución de los cajeros y la banca digital nos brinda perspectiva sobre nuestras opciones. Al retirar efectivo, podemos aprovechar la funcionalidad sin tarjeta para reducir riesgos de clonación. Procura actualizar tu app bancaria y generar claves dinámicas que caducan rápidamente.
Al explorar servicios avanzados, como pago de trámites o recarga de transporte, verifica siempre que el dispositivo muestre el sello de seguridad certificado. Esto te protegerá frente a terminales fraudulentos y posibles intentos de phishing.
Finalmente, integra la banca digital en tu día a día: configura alertas de movimientos, emplea pagos sin contacto y revisa periódicamente tu historial. Así, estarás siempre al tanto de tus finanzas y podrás tomar decisiones con mayor agilidad.
La historia de los cajeros y la banca digital omnicanal demuestra que la innovación es un proceso continuo. Adoptar estas tendencias no es solo una cuestión de comodidad, sino de seguridad y eficiencia. Te invitamos a explorar las nuevas herramientas, a adaptarte con curiosidad y a seguir construyendo un futuro financiero más accesible para todos.
Referencias