Cuando alguien te pide que avales un préstamo, tu firma puede abrir puertas o convertirse en una carga. Ser co-firmante implica asumir responsabilidad legal total ante el prestamista sin ser el prestatario principal y sin tener derecho a la propiedad. ¿Vale la pena arriesgar tu historial financiero por ayudar a un ser querido?
Para muchas personas con crédito limitado o ingresos bajos, contar con un aval puede marcar la diferencia entre aprobar o rechazar una solicitud de préstamo. Un co-firmante aporta una garantía adicional al prestamista, lo que suele traducirse en mejores condiciones.
Entre las ventajas más destacadas están:
Sin embargo, la cara opuesta de este salvavidas puede convertirse en un lastre. Un solo atraso afecta impacto significativo en tu puntuación crediticia y puede desencadenar acciones legales.
Los principales riesgos incluyen:
Es común confundir al co-firmante con el coprestatario, pero sus roles y derechos difieren de forma sustancial. Mientras el primero solo respalda el préstamo, el segundo comparte titularidad y uso de los fondos.
Tomar la decisión de ser co-firmante no debe ser impulsiva. Evalúa cada detalle y protégete ante posibles inconvenientes.
Algunas recomendaciones clave son:
Existen escenarios específicos, como los préstamos FHA o estudios universitarios, donde las reglas varían. En hipotecas FHA, por ejemplo, el co-firmante debe figurar en el título y su relación deuda-ingresos no puede superar el 70% si el pago inicial es menor al 20%.
En préstamos estudiantiles y de autos, el aval suele ser requisito común para quienes carecen de historial crediticio. Siempre investiga los requisitos de la entidad financiera antes de comprometerte.
En definitiva, ser co-firmante puede ser un verdadero salvavidas para quien lo necesita, pero también un riesgo elevado para tu estabilidad financiera. Revisa cada documento, comunícate con profesionales y decide conscientemente antes de firmar.
Referencias